jueves, 3 de noviembre de 2016

mío a mi misma

Lo has hecho. Ya no hay vuelta atrás. Has lanzado la pelota a su tejado, te has vuelto a ofrecer en bandeja hacia dos posibles opciones que, o te matan, o te regalan el aliento que llevabas tanto tiempo necesitando. No te arrepientas ahora que has sido capaz, aunque el miedo abrase, aunque las dudas castiguen. Disfruta de la sensación de no saber qué va a venir, de no ser tú quien tenga que decidir querer o dañar. Y si te dañan, aguántate, que ya lo has hecho tú bastante. Si el karma tiene que llegar, no te preocupes que lo hará por la puerta grande.

Pero quédate con que el corazón ha vuelto a latirte rápido y has dormido respirando un aire que no es tuyo, pero que te pertenece. Un aire que es uno cada vez que estáis cerca. Ya está bien, ¡abre los ojos! Que te has dedicado a deambular de aquí para allá intentando parar algo que ya es imparable, cerrándole la puerta a los ‘te amo’ más sinceros que vas a decir en tu vida.


Llamadlo destino, a lo mejor no existe y os empeñáis en confiar en él para poder vivir como queréis. Y ya te has dado cuenta de que el destino no te iba a llevar a ella con esa facilidad. Siéntete indefensa, lo estás. Siéntete insegura, lo eres. Pero siéntete bien, por el simple hecho de que la vida ha vuelto a regalarte veinticuatro horas en sus labios.

No hay comentarios:

Publicar un comentario