Lo has hecho. Ya no hay vuelta atrás. Has lanzado la pelota
a su tejado, te has vuelto a ofrecer en bandeja hacia dos posibles opciones
que, o te matan, o te regalan el aliento que llevabas tanto tiempo necesitando.
No te arrepientas ahora que has sido capaz, aunque el miedo abrase, aunque las
dudas castiguen. Disfruta de la sensación de no saber qué va a venir, de no ser
tú quien tenga que decidir querer o dañar. Y si te dañan, aguántate, que ya lo
has hecho tú bastante. Si el karma tiene que llegar, no te preocupes que lo hará
por la puerta grande.
Pero quédate con que el corazón ha vuelto a latirte rápido y
has dormido respirando un aire que no es tuyo, pero que te pertenece. Un aire
que es uno cada vez que estáis cerca. Ya está bien, ¡abre los ojos! Que te has
dedicado a deambular de aquí para allá intentando parar algo que ya es
imparable, cerrándole la puerta a los ‘te amo’ más sinceros que vas a decir en
tu vida.
Llamadlo destino, a lo mejor no existe y os empeñáis en
confiar en él para poder vivir como queréis. Y ya te has dado cuenta de que el
destino no te iba a llevar a ella con esa facilidad. Siéntete indefensa, lo
estás. Siéntete insegura, lo eres. Pero siéntete bien, por el simple hecho de
que la vida ha vuelto a regalarte veinticuatro horas en sus labios.
No hay comentarios:
Publicar un comentario