Tengo muy pocas ganas de que nadie se ría de mi. Y menos tú. No tienes ni idea de nada y te crees que por ser sincera no hay más verdad que la tuya. Y te equivocas. Yo también se ir con la verdad por delante y no por eso anulo todo lo demás. Qué fácil es hablar sin tener ni idea, sacar conclusiones prejuzgando a una persona a la que no has visto ni tres veces en tu vida. Se que ni compartes mis formas ni me entiendes, pero sinceramente, no lo pretendo. Encasillar a las personas por un error, o dos, o mil, es una gran equivocación. Que yo me habré equivocado como la que más, pero la primera que está cayendo en el mayor error eres tú al pensar que sabes cómo soy o qué siento. Repito: no tienes ni idea. Ni la tendrás. Piensa lo que quieras. Son las últimas palabras que dedico a una persona que no tendría que haber entrado en mi vida en ningún momento. Tonta, una vez más, por seguir creyendo que los humanos tenemos esa capacidad de empatía y comprensión. A veces no se puede, y contigo menos, que has tocado algo que me pertenece.
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