sábado, 23 de abril de 2016

don't matter

Como un imán de la mala suerte. La atraigo, me busca, no lo sé. Pero me encuentra. Ya sea después de cuatro años y medio o menos de un mes. Al final llega y se instala a sus anchas. Te cambia el repertorio musical y te incrementa el número de cigarros diarios. Te recuerda que todo lo que empieza, acaba. Antes o después es así. Y te enseña que tener expectativas, esperanza o ilusión sólo sirve para pegarte una patada y lanzarte al vacío más absoluto. Te deja con un millón de preguntas que no sabes ni si quieres hacer, pero que no te abandonan durante un buen rato. Preguntas de las que temes respuestas, o de las que se dejan sin contestar. Y es que muchas veces no somos capaces de asimilar un silencio. Silencio. Como el color blanco. No te sugiere absolutamente nada. Pero ahí está, no deja nunca de estarlo. Y supones, intentas comprender. Pero es en vano. Te falta lo más importante.

La mala suerte te enseña muchas cosas. Como que las casualidades no existen. Ni son bonitas. Eso desde luego. Y que el destino es para perdedores. Y que la vida te da y te quita a su antojo. Y nada, tienes que aguantarte una vez más. Si total... ¿ya qué importancia tiene otra noche?.

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