jueves, 7 de abril de 2016

knocking on heaven's door

Ya me siento lo suficientemente fuerte. No queda más remedio que hacer frente a las mayores decepciones que la vida tenía guardadas para mí después de casi cinco años de felicidad prácticamente plena. Y es que cómo se nos ocurre pedir tanto, cómo se nos pasa por la cabeza la remota posibilidad de que quién dice que va a estar siempre para ti, cumpla su promesa. Creemos conocer a las personas, la convivencia nos cuenta los detalles más insignificantes para hacernos pensar que no hay nada oculto en aquellos que parecen regalarnos todos los minutos de sus días. Como inocentes nos ilusionamos hasta límites insospechados, cuando, en realidad, nunca nadie te muestra al completo su alma. Puedes conocer cada rincón de su cuerpo, puedes saber que el lunar de su cuello está justamente a ocho besos desde su pecho, puedes saber que es esa persona sólo rozando uno de sus dedos, incluso puedes sentir su presencia desde la otra punta de la calle porque la brisa te regala su inconfundible olor. Pero nunca conoceremos lo que esconde su mirada. Los ojos son el espejo del alma, repiten en mil ocasiones. Los ojos esconden las verdades más valiosas de nuestra vida, y tienen la increíble capacidad de engañarnos al transmitirnos ese brillo que nos traslada a otro universo. Pero tú a mi ya no me engañas. Ni tus ojos lo harán más. Definitivamente mi mente había decidido idealizarte, o eso me gustaría pensar. Quizás la chica que me gustaba era sólo así mientras me tuvo a su lado. Me gustaba más la versión de ti conmigo. Ahora sólo conservas unos pequeños rasgos que me cuentan en voz muy bajita que sigues siendo tú, aunque yo ya no pueda reconocerte nunca más. ¿Y qué importa ya?, os preguntaréis. Nada, ya no importa nada. Mi vida ha tomado un camino totalmente diferente, pese a pensar en una eternidad a tu lado. No va a existir más ese 'a tu lado', por fin me he dado cuenta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario