miércoles, 20 de abril de 2016

stop

Y de repente te das cuenta de que lo único que necesitabas era que lloviera. Salir a la calle en manga corta a congelarte y a sentir cómo las pequeñas gotas van calando en una piel muda. Una piel que no comprende por qué dejaron de acariciarla aquella noche. Una piel que necesita unos dedos que la recorran lentamente una y otra vez, como si de una pantalla táctil se tratara. Y te preguntas en qué momento de tu vida voló todo por los aires. ¡Pum! Cenizas. Te quedas reducido a un molesto polvo gris que, por más ganas que tiene de dejar de ser monocromo, no lo consigue. No tiene fuerzas. Cuando empieza a recobrar un ápice de color vuelve para recordarte que tu vida estaba escrita, y tus pasos estaban destinados a ir al compás de los suyos. No. Ya no. Ni una vez más. Ni un recuerdo por casualidad. Sólo fuego que acabe de quemarme.

No hay comentarios:

Publicar un comentario