Y cuando menos te lo esperas, va la vida y te sorprende. Así es. Te despiertas en una cama que apenas conoces pero que te mueres de ganas de seguir conociendo. Y después de miles de besos sólo te apetecen otros cuantos miles más, porque no existe nada ni nadie que consiga quitarte esa sonrisa de la cabeza. Ni ese cuerpo desnudo que incita a pecar una y otra vez sin descanso. ¿Repetimos?
No hay comentarios:
Publicar un comentario