Y pasa una noche. Y pasa otra. Y da igual. Sigues preguntándote que es lo que tiene. No consigues respuesta. Te encanta. No hay más. Y cuando te paras a pensar te das cuenta de que te sería tan fácil acostumbrarte a ella. A sus buenos días. A su voz. A sus besos. A su piel.
No hay comentarios:
Publicar un comentario