Lo siento, esta es la última vez que te escribo. Tendría para llenar un libro con todo lo que alguna vez te he dedicado, con todo lo que ha salido de mis dedos desde que te conocí aquel seis de noviembre. Y sé que si alguna vez consigo ese sueño de ser escritora confesaré que tú has sido mi musa. No se me ocurren mejores palabras que cuando se trata de ti, para hablar de lo preciosa que eres o el daño que me has hecho. Ese es el problema, que ha sido tanto y tanto tiempo que cómo coño voy a conseguir dejar de hablarle de ti a nadie. De tu risa, de tu prisa por darme un beso. Cómo voy a lograr que no duela, que tu ausencia no se note, que mis palabras no suenen tristes. Te vas y lo vacías. Todo. La vida empieza a no entenderse a ella misma, le falta algo, no comprende porqué pasan los días y sigue respirando. Como por inercia.
Te lo prometo. Esta es la última vez que te escribo. La última vez que me digo que tengo que olvidarlo todo. Ahora tengo que hacerlo. Ahora tengo ganas, ahora tengo fuerza; toda esa que tenía para darlo todo por ti. La he reconvertido. Eso es lo bueno de tener ganas de algo. Avanzará la vida, se reconstruirá ella sola, poco a poco. Y todas las canciones dejarán de hablar por y de ti, y todos los sitios dejarán de mostrarme tu silueta ensombrecida.
Y como ya dije, dejaré de buscar las cenizas de aquel fuego inapagable, que tan inapagable no sería porque ha acabado congelado. Lo tocas y te conviertes en hielo. Como por arte de magia. Magia que ya no te acompaña, que ya se ha despedido de ti para irse por ahí a hablar de lo increíble que eras, de cómo te portabas cuando no te habían hecho daño. Pero tuve que ser yo. Quizás si alguna vez me perdonas incluso soy capaz de empezar a intentarlo yo. Quién sabe. A lo mejor ese perdón no llegue nunca y ya no nos acordemos de lo que significó para nosotras el tres de octubre.
Resígnate. Resignáos. La vida te da, pero la vida te quita. O te lo quitas tú sola. Que para tener algo a medias es mejor no tenerlo, que para vivir cuatro despedidas por cada dos besos a lo mejor es que de verdad no vale la pena. No. Ya no.
No hay comentarios:
Publicar un comentario