Después de un viaje se aprenden muchas cosas. Algunas buenas, otras malas y otras que, simplemente, no olvidarás nunca. De Escocia hemos aprendido que son educados de más, y que te dicen 'lo siento' incluso cuando van a pegar la hostia de su vida contra el suelo. Que en lugar de darte una palmadita en el hombro y decir 'hasta luego' te incitan a beber con ese 'cheers', y es que si no eres de pubs, este no es tu país. Anochece a las cuatro de la tarde y cierran las tiendas a las cinco, y luego los vagos somos nosotros. Y como dato importante deberéis de saber que no es que lleven medias blancas, es que tienen ese color de piel. Ese color de piel y un concepto de lo que es frío un tanto chocante. Se puede desayunar a las seis de la mañana, a las dos del medio día e incluso, si te descuidas, te dan las cinco de la tarde. Cualquier hora es buena. Cualquier comida es buena. Sírvase usted mismo. Pero comer es lo de menos, porque si es corriendo y por la calle tanto mejor. Escocia es la ciudad de los cuadros, del whisky y de los autobuses que no te dan cambio. De semáforos que duran tres segundos en verde y chinos que no son chinos, son indios. Hemos aprendido que puede marinarse con peri-peri hasta un helado, y hemos llamado dólares a una libra. También nos vamos sabiendo que Ibis es aibis y que los cementerios son un lugar fabuloso para dar un paseo, hacer un picnic y tomar el sol. No os podéis quejar de la compañía. Y si es mujer y habla demasiado ya sabéis que podéis demandarla ante el código sangriento. Espectáculo de tortura garantizado. Hemos llegado a la conclusión de que los vuelos a Canarias deben ser baratísimos desde allí, que la calle es el escaparate de infinidad de músicos y que es correcto decir 'siete gentes'.
Y es que de anécdotas estamos hechas las personas. De flashes. Momentos. Recuerdos. Aviones que despegan y que aterrizan aunque al final a ninguno nos guste demasiado volar. Se trata de aprovechar los desayunos buffet para hartarse, especialmente de croissant; de pararnos en mitad para ver a dónde ir y acabar taponando la calle principal de la ciudad; de flipar con las maravillas que se esconden en los callejones o a la vuelta de cualquier esquina. Un viaje es igual a un soplo de aire renovado (y aire especialmente si es Reino Unido). Gracias al país con más pelirrojos del mundo por tratarnos tan bien. Siempre será especial viajar todos juntos. Aunque este 'todos' se haya quedado cojo de una pata.
Cheers!
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