viernes, 30 de diciembre de 2016

VOLAR

Deja de tener miedo. Déjate desear lo que desees. Déjate ser, sentir, querer. Intenta perdonar, pero inténtalo por ti, para disuadir esos recuerdos de mierda que no se borran. Aléjalos, mucho. Escribe todos y cada uno de ellos en papelitos y mételos en una botella. Y luego tírala. Un cigarro por cada mal rato que se hunde. Deshazte de todo lo malo. Deja que sólo quede lo bueno, libera el espacio para lo que pueda venir. Cambia miradas de rabia por sonrisas. Cambia lágrimas por besos y noches sola por otras tocando la luna con la punta de los dedos. Échale ganas, sé valiente, escúchate a ti y obvia a todo lo demás. Qué sabe nadie. Sólo tú tienes idea de qué tienes dentro. Solo tú sabes como necesitas explotar y soltarlo todo. Llora como nunca y pega si lo necesitas, pero ábrele la puerta a los fantasmas que no te dejan ser feliz. Esos que se posan en tu cabeza para no dejarte respirar con normalidad durante un rato. Deja de fingir que puedes con todo y que nada te abruma. Deja de ahogarlo todo con alcohol, que ya sabemos que las resacas te juegan en contra. Deja de vivir sin vivir, quiérete, date una oportunidad de empezar de cero.

Hazlo por ti. Hazlo por cada momento malo que has pasado y por cada madrugada vacía que hayas tenido. Pero hazlo. Hazlo ya. Y de sobra sabes que cuentas con mi compañía si así lo deseas. Ahora, siempre.

Siempre tuya.

jueves, 29 de diciembre de 2016

little lovely things

Me he dado cuenta de que me has convertido en una maniática total. Pero en una adorable. Hasta eso de ti tenía su encanto. Y por qué no, hoy me apetece echar la vista atrás (como si alguna vez hubiera mirado realmente hacia adelante) para recordar esos pequeños gestos que tanto me enervaban, pero hacían reír. El momento de la ducha tenía todo un procedimiento anterior y posterior que debía realizarse de forma estricta y con sumo rigor. Especialmente si era invierno. Una toalla que secara -mucho- era totalmente obligatoria, y limpia. Unas bragas no demasiado grandes pero mucho menos pequeñas. El calefactor encendido desde un rato antes y una esponja que nadie hubiera usado. La mascarilla cuanto más rato, mejor, que así luego olía mucho, y cuidado con no frotarle la espalda. El agua calentita todo el rato, pero siempre un poco más fría para la cara. Para salir no podías abrir la cortina bajo ningún concepto, hasta que no se hubiera secado un poco previamente. Que cogía una neumonía del frío, vaya. Odiaba secarse las piernas y los pies, eso siempre me tocaba a mi, pero ni pensado lo de secar entre los dedos, no había cosa que le diera más coraje. ¿Y qué decir de cambiar las sábanas de la cama? Cuánto más, mejor, y siempre con pijama y pelo lavado la primera noche. Igual con el tabaco. Odiaba que su pijama oliese a eso y no lavarse las manos antes de acostarse. Igual que lavarse los dientes por la mañana aunque llegase dos horas tarde. Eso se hace. La persiana bajada, hasta abajo. Y ni se te ocurra acercarle los pies fríos en invierno, que se enfada para toda la noche. La cerveza siempre en vaso y las camisetas largas pero no demasiado. Los pantalones que le hagan el culo como a ella le gusta, y la pepsi que no sea light.

En fin, horas y horas podría estar contándoos cualquier detalle especial suyo. Porque lo siento, pero la conozco como nadie y la seguiré conociendo pase el tiempo que pase. Cambie lo que cambie y esté con quien esté.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Soñaba con que no me hiciera falta soñarte y también con que despertases y me dijeses con los ojos medio cerrados: "estoy aquí para arreglarte la vida, gilipollas".

jueves, 22 de diciembre de 2016

Sólo he venido a decir adiós

Llegó el momento de hacer balanza. Ha sido un año par, sí, pero no ha traído la suerte que solían. Y es que desde ese octubre de 2011 me di cuenta de que a lo mejor, los impares eran los míos. El 2016 se va, por fin, y a menos de diez días de que acabe puedo decir que ha sido el peor año de mis 22 de vida. Ha sido el año de los cambios, más que nunca, mayores que nunca. El año de la tristeza, de la alegría disfrazada, del arrepentimiento. No ha seguido una línea general clara y hacia una dirección, cada mes ha tenido sus más y sus menos, cada semana ha tenido días grises y menos grises, incluso en un mismo día se ha pasado de la tristeza absoluta a la mayor alegría, y viceversa. Enero comenzó ya agridulce, con un ‘tú tienes un problema’. Y lo tenía, efectivamente. Pero se pasó como se pudo, mudo, pudiendo disfrutar aún de un trozo de ti de verdad. Febrero pasó desapercibido, sin saber lo que se le venía encima. Y así llegó marzo, ese miércoles dos, que todo lo truncó, todo lo vació. Como ya he dicho en reiteradas ocasiones, marzo nunca fue un buen mes. Excepto por una cosa que ya bien sabemos todos. El tercer mes de este dos mil dieciséis se ha llevado el premio gordo. Aprendí que nunca puedes acostumbrarte a algo, o mejor dicho, a alguien. Que de dormir acompañada durante cuatro años pasas a tenerte a ti misma en una cama en la que sobra tanto, tanto espacio, que parece que nadie podrá llenarlo otra vez. Pero entonces llegó abril y aunque el principio se pareció demasiado al mes anterior, a finales trajo un soplo de aire fresco de la costa, renovado. ¿Equivocación? Tal vez. Pero durante una pequeña etapa consiguió llevarse más sonrisas que nadie, consiguió trasladarme a otro universo en el que la pena quedaba en un segundo plano. Personas que llegan de la nada, que se convierten en mucho muy rápido. Mayo siguió igual, pero trajo consigo el primer arrepentimiento, con lágrimas a las cuatro de la mañana y en mitad de la calle, y yo no consentí que te durmieras en la cama que durante tanto tiempo fue la tuya. El principio del verano llegó con nuevos y atrevidos planes, y algún que otro examen al que se le prestó muy poca atención. En julio hice el viaje de mi vida con la persona equivocada, aunque nunca olvidaré cada segundo con ella a mi lado. Fue especial, llegué a querer y llegué a sentir cosas que, de no ser por los malditos recuerdos, podrían haber llegado a ser algo realmente memorable. Pero los viajes te ayudan a darte cuenta de muchas cosas. Y yo estaba empezando a quitarme la venda de los ojos. Quizás me fui a lo fácil, pero el 1 de agosto me llevó de nuevo hasta tus brazos y no pude decir que no. No quise decir que no. Eras tú, tus besos, tu cuerpo y tu risa. Y de sobra sabemos de mi debilidad. Muy poco a poco volvimos a sentir las mismas ganas de tenernos de siempre, de querernos más que nunca. Pero entonces septiembre vino para echarlo todo por alto. Y quien dice septiembre dice Glory. Porque yo fui la única culpable de perder a lo mejor de mi vida y de la forma más ruin posible. Todavía no me explico cómo puedes dañar tantísimo a la persona por la que morirías una y otra vez si hiciese falta. Lo volvía a tener todo. Pero lo volví a perder por no saber decir no, por dejarme llevar demasiado y por ser una inconsciente. Pero ahí estabas tú, debatiéndote entre el odio y el amor, entre el ahora quiero verte y ahora no. Pero yo seguí jodiéndolo todo, si ya estaba, conseguí que lo estuviera el doble. Pero octubre me cayó como un jarro de agua fría. Helada, congelada. Cristales. Y cada uno arañaba como el que más, hasta que las mismas heridas me obligaron a despertar de ese sueño-pesadilla, para darme cuenta de que no estaba haciendo lo que quería. Pero me tiré a la piscina para nada, porque ya no había nadie allí. Noviembre y diciembre se han pasado con un tira y afloja continuo del que he acabado realmente agotada. Tú ya no eres la misma, yo intento serlo y tampoco me sale. Porque ha habido mucho malo, y si no se ha podido cambiar ya, dudo que pueda en algún momento. Pero como te dije la última vez, búscame siempre que quieras, que ojalá yo siga teniendo eternamente estas ganas de morir a tu lado.

Necesito poder perdonarme, necesito que lo malo no emborrone tanto bueno. Necesito que tú me perdones y que aunque nunca más pueda disfrutar de estar con el amor de mi vida, sepa que lo que se ha llevado de tanto compartido, son buenos recuerdos.


Adiós 2016, gracias por hacerme aprender tanto. Gracias por demostrarme quien me quiere (o ha querido) de verdad. Adiós al año de las lágrimas y las canciones tristes.

Dancing on my own

Después de un viaje se aprenden muchas cosas. Algunas buenas, otras malas y otras que, simplemente, no olvidarás nunca. De Escocia hemos aprendido que son educados de más, y que te dicen 'lo siento' incluso cuando van a pegar la hostia de su vida contra el suelo. Que en lugar de darte una palmadita en el hombro y decir 'hasta luego' te incitan a beber con ese 'cheers', y es que si no eres de pubs, este no es tu país. Anochece a las cuatro de la tarde y cierran las tiendas a las cinco, y luego los vagos somos nosotros. Y como dato importante deberéis de saber que no es que lleven medias blancas, es que tienen ese color de piel. Ese color de piel y un concepto de lo que es frío un tanto chocante. Se puede desayunar a las seis de la mañana, a las dos del medio día e incluso, si te descuidas, te dan las cinco de la tarde. Cualquier hora es buena. Cualquier comida es buena. Sírvase usted mismo. Pero comer es lo de menos, porque si es corriendo y por la calle tanto mejor. Escocia es la ciudad de los cuadros, del whisky y de los autobuses que no te dan cambio. De semáforos que duran tres segundos en verde y chinos que no son chinos, son indios. Hemos aprendido que puede marinarse con peri-peri hasta un helado, y hemos llamado dólares a una libra. También nos vamos sabiendo que Ibis es aibis y que los cementerios son un lugar fabuloso para dar un paseo, hacer un picnic y tomar el sol. No os podéis quejar de la compañía. Y si es mujer y habla demasiado ya sabéis que podéis demandarla ante el código sangriento. Espectáculo de tortura garantizado. Hemos llegado a la conclusión de que los vuelos a Canarias deben ser baratísimos desde allí, que la calle es el escaparate de infinidad de músicos y que es correcto decir 'siete gentes'. 

Y es que de anécdotas estamos hechas las personas. De flashes. Momentos. Recuerdos. Aviones que despegan y que aterrizan aunque al final a ninguno nos guste demasiado volar. Se trata de aprovechar los desayunos buffet para hartarse, especialmente de croissant; de pararnos en mitad para ver a dónde ir y acabar taponando la calle principal de la ciudad; de flipar con las maravillas que se esconden en los callejones o a la vuelta de cualquier esquina. Un viaje es igual a un soplo de aire renovado (y aire especialmente si es Reino Unido). Gracias al país con más pelirrojos del mundo por tratarnos tan bien. Siempre será especial viajar todos juntos. Aunque este 'todos' se haya quedado cojo de una pata.

Cheers!


jueves, 8 de diciembre de 2016

No. Ya no.

Lo siento, esta es la última vez que te escribo. Tendría para llenar un libro con todo lo que alguna vez te he dedicado, con todo lo que ha salido de mis dedos desde que te conocí aquel seis de noviembre. Y sé que si alguna vez consigo ese sueño de ser escritora confesaré que tú has sido mi musa. No se me ocurren mejores palabras que cuando se trata de ti, para hablar de lo preciosa que eres o el daño que me has hecho. Ese es el problema, que ha sido tanto y tanto tiempo que cómo coño voy a conseguir dejar de hablarle de ti a nadie. De tu risa, de tu prisa por darme un beso. Cómo voy a lograr que no duela, que tu ausencia no se note, que mis palabras no suenen tristes. Te vas y lo vacías. Todo. La vida empieza a no entenderse a ella misma, le falta algo, no comprende porqué pasan los días y sigue respirando. Como por inercia.

Te lo prometo. Esta es la última vez que te escribo. La última vez que me digo que tengo que olvidarlo todo. Ahora tengo que hacerlo. Ahora tengo ganas, ahora tengo fuerza; toda esa que tenía para darlo todo por ti. La he reconvertido. Eso es lo bueno de tener ganas de algo. Avanzará la vida, se reconstruirá ella sola, poco a poco. Y todas las canciones dejarán de hablar por y de ti, y todos los sitios dejarán de mostrarme tu silueta ensombrecida.

Y como ya dije, dejaré de buscar las cenizas de aquel fuego inapagable, que tan inapagable no sería porque ha acabado congelado. Lo tocas y te conviertes en hielo. Como por arte de magia. Magia que ya no te acompaña, que ya se ha despedido de ti para irse por ahí a hablar de lo increíble que eras, de cómo te portabas cuando no te habían hecho daño. Pero tuve que ser yo. Quizás si alguna vez me perdonas incluso soy capaz de empezar a intentarlo yo. Quién sabe. A lo mejor ese perdón no llegue nunca y ya no nos acordemos de lo que significó para nosotras el tres de octubre.

Resígnate. Resignáos. La vida te da, pero la vida te quita. O te lo quitas tú sola. Que para tener algo a medias es mejor no tenerlo, que para vivir cuatro despedidas por cada dos besos a lo mejor es que de verdad no vale la pena. No. Ya no.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Mío a mi misma II

Vamos, Glory. Se paciente. El momento lo merece, y ella también, más que nunca. No dejes que te hundan palabras que morirías por no escuchar. Si las tienes que escuchar, intenta que pasen desapercibidas, quédate con lo bueno aunque la mayoría no lo sea. Y disfruta de los momentos a su lado, valora cada segundo que pases con su olor cerca. No pidas más de lo que debes antes de tiempo, que al final todo llega. O eso debes obligarte a pensar. Ha habido demasiado malo, ya no podéis con más noches en blanco. Los principios no siempre son bonitos, a veces son duros, muchísimo, porque volver a ser las personas que erais no es tarea fácil en absoluto. Pero recuerda siempre algo, algo esencial, recuerda lo que os hace volver una y otra vez sin dejar de luchar del todo: os queréis. Más que nadie, y aunque muy escondido, quizás más que nunca. Y por ello debes confiar en que la vida va a ser justa, en que todo llega, y todo pasa. Y en que ella volverá a ser la misma que se moría por fundirse en un abrazo contigo bajo la lluvia. La misma que disfrutaba de las cosas más pequeñitas, de una cena en el coche o de un beso de despedida con sabor a quédate cinco minutitos más. Aguanta, resiste, que no te gane el pulso el miedo. Lo vas a conseguir, tienes ganas, la quieres más que a nadie y sobretodo, la quieres para siempre. Y es el momento de demostrárselo.


Y no te olvides de la sonrisa que te dedica cuando se despierta, y no te olvides de que le ha apetecido inmortalizar un momento tan bonito.

sábado, 3 de diciembre de 2016

so fucking happy

Adoro que seas tú. La que me da los buenos días, las buenas noches, la que me hace reír a cualquier hora del día y la que cuando llega la madrugada, me desnuda mientras me llena el cuerpo de besos. Me gusta que seas tú la que conoce cada mínimo gesto que hago, me gusta que traduzcas mis miradas y que actúes como si nunca nada hubiera pasado. Que aunque te empeñes en parecer madura, conmigo sigas siendo la misma, y me recuerdes cada día que me has querido como nadie. Y que ahora vas a hacerlo otra vez. Porque eso es lo que quiero, porque eso es lo que quieres, lo que necesitamos, lo que nos gusta, lo que nos hace feliz y por lo que hemos luchado más de cuatro años, y los que nos quedan. Porque cuando te imaginas tu vida entera con esa persona, sabes que es la verdadera, la única, y que siempre lo será.

Me tienes ganada.