Hoy he decidido que no estoy dispuesta a que me quieran a medias. Ni tampoco estar esperando un milagro que con casi toda la certeza no se va a producir. He decidido que me merezco más, y que me quiero más a mi antes que a cualquier otra persona. He decidido no volver a enamorarme, porque se que es imposible que alguien consiga lo que tú. También he llegado a la conclusión de que las lágrimas sólo llevan a la consecución de un dolor de cabeza insoportable, y que mirar fotos y leer cartas no es curarse ni avanzar, si no estancarse en recuerdos que ya no se repetirán ningún tres de octubre.
No volveré a hablar ni a hacer llamadas desesperadas por mucho que me inunde cuando decido abrir los ojos cada mañana. Nunca más voy a dar tanto y voy a empezar a ser fuerte. Quién sabe si un día la verdadera tú llegue de nuevo a instalarse en tu cuerpo y abrazarte el alma, y vuelvas a recordar que no hay día más bonito que el que amanece con besos, y que no hay noche más perfecta que la que acaba con un 'te amo' después de amarnos bajo las sábanas. Que no hay nada mejor que te cuiden cuando estés enferma, o que te den la enhorabuena cuando consigues algo por lo que llevabas luchando años. Que vuelva la verdadera persona a la que la magia envolvía y se le llenaba la boca de palabras de amor y de promesas de eternidad.
Porque una fiesta dura una noche, pero yo te iba a durar toda la vida.
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