Angustia. Esa es la palabra y la sensación que me acompaña desde hace ya bastantes días. Y preguntas, muchas. Débil, más que nadie, pero increíblemente fuerte para escuchar monosílabos acompañados de unos ojos mirando al suelo. Felices, pero doloridos. Tranquilos, pero angustiados. Unos ojos que, finalmente, han descansado al permitir que la boca pronuncie dos noes y un sí con la voz quebrada y sosegada . Pero por fin nos hemos quitado ese peso de encima. Tú vas a poder dormir por las noches y yo voy a seguir sin hacerlo, pero al menos no divagaré por ningún 'quizás' que mi corazón se niega a desechar. A veces crees que has dado muchísimo de ti para tratar de vivir la vida con otra persona, hasta que te das cuenta de que no era suficiente, y lo peor, no era necesario...
Cambiemos el nunca digas nunca por el nunca digas siempre. Incluso lo que te mantiene con vida acaba terminando y te ves obligado a resucitar en un mundo que no tenía nada que ver con aquel sueño idílico de praderas verdes y besos en el cuello.
No hay comentarios:
Publicar un comentario