martes, 15 de marzo de 2016

bésame, no dudes ni un segundo de mi alma

Y, como todas las noches, volverá a lavarse los dientes en la ducha para evitar ver su cara en el espejo. Una desconocida, una sombra de lo que fue. Ya son 12 días los que se va a dormir maldiciendo su suerte, temiendo por su vida. 12 días en los que se acuesta con un olor imposible de quitar, el de 300 cigarrillos y miles de recuerdos. Los recuerdos tienen aroma, pero en ella ya no tenía cabida el de su musa. Ese olor embriagador que quedaba impregnado tras un abrazo ya no estaba, no estaría nunca más. Y cree volverse loca de un momento a otro, buscando vida por las esquinas donde hubo tantos besos, buscándole descanso a unos ojos tan marchitos como una rosa guardada en un libro durante veinte años. Y no encuentra paz, ni calma. No se encuentra. No queda nada de ella.

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