Y aquí me encuentro otra vez. Entre la espada y la pared, entre la cabeza y el corazón, entre la verdad y la mentira. Como ante todo me gusta ser sincera, he de decir que tengo que escoger la pared, (y ya va un golpe). Luego no me queda más remedio que, cómo los débiles, hacer caso al corazón, por lo que la verdad viene sola. ¡Y pum! De repente la realidad se pone frente a tí y no te queda más remedio que resignarte. Llega una situación que te machaca. Cada día un poquito más, y un poquito más...
Muchas veces pienso que la exageración la inventaron para mí. Abuso de ella, la verdad, con frecuencia. Pero en determinado qué caso, sé que no lo estoy siendo. Quizás a otros se lo parezca, no lo dudo, pero a mí no, y por eso puedo decir con total ''tranquilidad'' y seguridad, que lo que está pasando es una mierda. Así de claro.
Es duro. Esa es la palabra más adecuada. Es duro querer de una manera tan desorbitada, tan sobrenatural.
Puto sentimiento incontrolabe, inmedible...
Un día más en el que lo único que llega es la noche, a una velocidad sobrehumana, con un frío inesperado, y, consigo, ese ápice de agua salada, que va siendo más y más abundante.
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