La gente puede pensar que después de cuatro años y tres meses, decirle a tu pareja lo que sientes es cosa de coser y cantar. No saben lo equivocados que están. Cuánto más tiempo pasa, cuánto más se siente y cuánto más necesitas a esa persona, más difícil es expresarse, más cobardes y vacías sonarán esas palabras, porque no existe nada lo suficientemente grande como para hacer una comparación que se acerque una burda milésima. He llegado a un punto en el que ni todos los universos, planetas o galaxias del cosmos y de la vida son bastantes, porque mis sentimientos no pertenecen a este mundo; los míos, y lo siento por todos vosotros que no tenéis esta gran suerte, son magia. Son sonrisas, son carcajadas, miradas llenas de brillo, son abrazos, son besos largos, pero también cortos, son caricias, manos cogidas, piernas entrecruzadas en una cama. Y me apuesto todo lo que queráis a que por mucho que os esforcéis no vais a conseguir nunca lo que yo. Y es que os falta lo principal, pero tranquilos, no os angustiéis, porque siendo realistas no lo tendréis nunca, porque lo tengo yo, y porque lo voy a tener hasta el día en el que mi reloj interno se pare y decida ir a otro sitio a seguir amándola. Exacto, no tenéis a una persona ni la mitad de increíble que ella a vuestro lado, no tenéis a una persona que sepa amar, perdonar, hacer reír y comprender al mismo tiempo y con una capacidad abrumadora. Me ha tocado a mí. La vida es una gran lotería, dicen, pero a mí me toca el gordo cada día, cada minuto de su vida que deposita en estar en la mía. Unos tienen dinero, otros belleza, otros mucha suerte o mucha popularidad, pero yo, señores, lo tengo todo junto en un cuerpecito de 1,65 que me roba el sentido. Y eso es lo que quiero recordar día tras día, y eso es lo que quiero contarle a nuestros hijos. Que una persona que conoces por casualidad puede llegar a convertirse en las ruedas necesarias para andar por este largo camino que es la vida; unas ruedas que por muchos baches siguen fuertes, no se desinflan ni se pinchan con discusiones y decepciones, porque os contaré un secreto: son de un material incorruptible, inoxidable, irrompible, todas las palabras que puedan llevar el prefijo ‘in’ y que significan, al fin y al cabo, imposible. Igual de imposible que dejar de amarla o imaginarme un 17 de Octubre sin ella, porque da igual el día, porque todos a su lado tienen algo especial, algo importante, algo por lo que seguir luchando con todas las fuerzas que me has hecho reunir.
Y entre metáforas acabaré esta confesión pidiéndole que no me deje sin pies –o sin ruedas–, que yo sin ella… no.
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