Pocas personas tienen la verdadera suerte de decir que te han visto crecer. Unas se han ido, luego han vuelto, se han marchado de nuevo, o simplemente nunca más volvieron a aparecer... Pero eso de salir y entrar a su antojo no tiene nada que ver con estar 365 días del año a tu lado. Lo que no sabe la gente es que en esos días que no estaban cerca se perdieron miles de momentos y de sensaciones. Como yo he tenido la suerte de no haber sido de esas personas, te doy las gracias, por hacer especial la rutina más pesada, por charlas que comenzaban llorando y acababan con un abrazo y un montón de risas. Gracias por escucharme, por dejarme a mí hacerlo también, por los consejos -y también por las veces que no has seguido los míos y te has tenido que aguantar con un 'Te lo dije' de Glory-. Gracias por cada sonrisa, por cada mirada cómplice, por cada toquecito de pies debajo de la mesa después de escuchar algo. Gracias por entenderme tanto, ¡por entendernos tanto!. Y, sobre todo, gracias por ser una verdadera amiga. Poca gente tiene el privilegio de tener una amiga, y que sea de verdad. Sweet eigthteen!

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