martes, 15 de septiembre de 2015

nights nights

Efectivamente hay días para todo. Si nos dejamos llevar por los tópicos más típicos estaría el día redondo. Ese es el día que se caracteriza por tener un sol espléndido, que no dejaría de brillar si no fuese por que en algún momento tiene que llegar la noche. Suele acompañarse de algo esencial, una palabra que podría resumirlo todo con asombrosa rapidez: sonrisas. Todo te sonríe, tú sonríes, las personas de tu alrededor lo hacen, al unísono, alegrándose por cosas distintas pero sonriendo al fin y al cabo. Y así transcurren las siguientes 24 horas, acompañadas de las canciones más movidas y las mejores noticias. El problema es que después de cientos de días buenos venga uno malo. Estamos muy mal acostumbrados, los humanos tendemos a aferrarnos a la felicidad desmesuradamente, un acto reflejo que cuanto menos, muestra lo débiles que somos. Pero, ¿y cómo evitarlo?. Es absurdo. De pronto empiezan a sonar melodías funestas, y te impregnas de una melancolía que ni en los poemas más tristes. Y hasta la temperatura corporal parece que se adecua a tu estado de ánimo. El mundo parece ralentizarse, el viento mueve las hojas a cámara lenta, y tú pareces estar estancado en la misma calada de un cigarro casi eterno. Y llega la noche, especial momento de esta clase de días, en los que simplemente, no tienes ni ganas de pensar, y... ya ha llegado.

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