domingo, 27 de septiembre de 2015

domingo, 20 de septiembre de 2015

ghost in the machine

¿Cómo? ¿Que queda un día de vacaciones y no estoy por aquí dejando ver lo triste que es?... No perdamos las viejas costumbres. 20 de Septiembre, sí, parece que fue hace nada cuando al acabar, explicaba lo que esperaba de este verano. Y justamente así ha sido, especialmente los días pre-exámenes, en los que he estado más encerrada en mi cuarto que en los veinte años que llevo de vida. No kidding. Parece que un solo año de universidad no ha conseguido paliar los recuerdos de cuando llegaba un nuevo curso en el instituto. Listas, horarios dictados con tu nuev@ tutor@, una clase alejada de todas las demás... No puedo evitar sentir nostalgia: aquellas seis horas invariables, con un cigarro en mitad (y demos gracias por ello). Ahora nadie te obliga, nadie controla las idas ni las venidas, ni los cigarros que te fumas. Siempre he sabido utilizar la palabra perfecta para definir como me siento llegado este punto. Pero esta vez no. Remontémonos a pasar de cuarto a primero. Me quería morir, la apatía recorría cada parte de mi cuerpo. Sin embargo, el comienzo de segundo fue increíble. Una buena clase, buenos profesores, y sobre todo... una buena compañera. El empezar del primer año universitario y el verano que le antecedía pudo resumirse en nervios. Nervios e ilusión. Pero a medida que fue avanzando cambió por completo de adjetivos calificativos. Desilusión, desgana, miedo... Por eso, hoy por hoy, no sé como tomarme el nuevo comienzo. Odio los comienzos, no se si se ha notado ya... Pero espero enfrentarlo, solamente de una forma: con valentía.

Un verano más que se va, y un invierno que llega...


martes, 15 de septiembre de 2015

nights nights

Efectivamente hay días para todo. Si nos dejamos llevar por los tópicos más típicos estaría el día redondo. Ese es el día que se caracteriza por tener un sol espléndido, que no dejaría de brillar si no fuese por que en algún momento tiene que llegar la noche. Suele acompañarse de algo esencial, una palabra que podría resumirlo todo con asombrosa rapidez: sonrisas. Todo te sonríe, tú sonríes, las personas de tu alrededor lo hacen, al unísono, alegrándose por cosas distintas pero sonriendo al fin y al cabo. Y así transcurren las siguientes 24 horas, acompañadas de las canciones más movidas y las mejores noticias. El problema es que después de cientos de días buenos venga uno malo. Estamos muy mal acostumbrados, los humanos tendemos a aferrarnos a la felicidad desmesuradamente, un acto reflejo que cuanto menos, muestra lo débiles que somos. Pero, ¿y cómo evitarlo?. Es absurdo. De pronto empiezan a sonar melodías funestas, y te impregnas de una melancolía que ni en los poemas más tristes. Y hasta la temperatura corporal parece que se adecua a tu estado de ánimo. El mundo parece ralentizarse, el viento mueve las hojas a cámara lenta, y tú pareces estar estancado en la misma calada de un cigarro casi eterno. Y llega la noche, especial momento de esta clase de días, en los que simplemente, no tienes ni ganas de pensar, y... ya ha llegado.