martes, 14 de abril de 2015
con Coldplay de fondo
Dicen que todos tenemos días malos, días que se tornan de un molesto gris ceniza, aunque el cielo esté más despejado que el día más caluroso del verano. Cualquier excusa es buena para decidir tener un mal día. Y sí, decidir. Ya lo decía la canción; sólo necesitas la luz cuando se está consumiendo, sólo extrañamos el sol cuando empieza a nevar. Nunca estamos satisfechos ni tenemos intención de estarlo. Realmente creo que hay momentos en los que sí depende de uno mismo. A veces, por mero aburrimiento, empiezas a pensar en esos cabos sueltos que tienen tu vida cogida con pinzas, y como era de esperar, no sacas nada bueno de ese momento de innecesaria reflexión. Empezamos a ver extrañezas en la conversación más cotidiana del mundo, buscando dobles sentidos, segundas intenciones, desgana disfrazada... lo que en realidad no son más que suposiciones. Estúpidas suposiciones. Y aparece el miedo. Como ya en dije en alguna ocasión, el miedo es uno de los peores sentimientos que existen. No es algo que se pueda escoger, no puedes llegar y decir 'No quiero tener miedo' y no tenerlo. Y como sabía justamente en qué iba a acabar este estúpido debacle de sentimientos, aprovecho para decir algo: no sé lo que pasa o lo que tenemos, pero tengo algo muy claro; sea lo que sea, lo quiero.
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