sábado, 18 de octubre de 2014

leave your lover

Y hasta que te das cuenta de que no tienes por qué soportar algo que no quieres.
Dicen que todos los días se aprende algo. Todos tenemos nuestros más y nuestros menos. Hay gente sumamente fácil, fácil, difícil y luego estoy yo. Lo sé, no pienses que no. Tengo las manías más tontas del mundo, fíjate, me cuesta la misma vida no dormir abrazada a ti una noche. ¿Has visto que simpleza? Soy una maniática para ciertas cosas, como ponerme a ordenar mi cuarto a las 2 de la mañana porque simplemente, a esa hora, no me apetece verlo desordenado. Soy lo más impredecible del mundo, me puedes decir algo un día, y luego al siguiente lo mismo, y reaccionar de dos formas totalmente diferentes. Hace tiempo, aproximadamente unos dos años y 10 meses (¡mira que bien me lo sé!) dejé de ser fuerte. Empecé a odiar la soledad, a necesitar compañía, a necesitar TU compañía. Y que mal me sientan dos noches seguidas.
Tengo un gran problema, mis ojos no saben engañarte. Y me acuerdo de eso tan bonito que decía Ramón de Campoamor: 

"Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio,
 Contigo porque me matas y
sin ti porque me muero"

Y me cuesta la misma vida decidirme por una postura. Pero lo vuelvo a decir, soy así de complicada, y como además de complicada soy cabezona, no me cabe en la cabeza ese orden de prioridades tan, a priori, difuso. Llamadme loca, ¡lo estaré!... pero más por tí que por cualquier otra cosa.

When you understand how hard it is, please, come and tell me, first  I want to know very little.

viernes, 17 de octubre de 2014

stay with me

Y aquí nos encontramos una tarde más, a contar lo mismo de siempre. Podría simplemente limitarme a buscar la entrada de hace un año o dos y copiar y pegar. Siguen siendo los mismo sentimientos. Bueno, miento, más intensificados. Una vez más en la que la retahíla de preguntas se podría contestar de la misma forma, con silencio. A veces me armo de valor e intento responder, sabiendo que de nada va a servir.
Y la verdad es que sigo sin aprender de una vez para otra, aunque sean escasas las que se presentan (y demos gracias por ello). Mi mente acostumbra a luchar con ella misma entre una postura y otra, y qué casualidad que siempre salga victoriosa la que no debe. Me repito una, dos y tres veces si hacen falta que lo más lógico sería pasar. Pero ahí está la parte de mi cerebro que me impide ser normal. Egoísmo, egoísmo, egoísmo, egoísmo, más egoísmo y... ¡ah! egoísmo. Pues nada, tendré que ser egoísta. Es el papel que me ha tocado.
Pero te voy a decir algo, es fácil ser egoísta cuando no tienes nada.
Me reitero. Nunca podrás entenderlo.

¿Una y no más? A saber cuando será ese día.
"Me da igual si follas o fallas".