viernes, 30 de enero de 2015

Happy twentyone, my love.

Estamos a 30 de Enero, hace veintiún años nació cierta personita, alguien que ocupa mis mañanas, mis tardes, mis noches... mis días enteros. Hoy sólo tengo palabras para definir cuán increíble eres. Se podrían decir muchas cosas buenas de ti, algunas que saben todos y otras que sólo yo tengo el privilegio de conocer. 
Eres sencilla, no hace falta demasiado para impresionarte, pero sin embargo eres lo más inconformista que pisa la tierra. Aunque confíes poco en ti, sabes perfectamente que eres capaz de lograr todo aquello que te propongas, y lo has demostrado en numerosas ocasiones. Eres cabezona a más no poder, y cuando se trata de temas que me conciernen, más aún. Soy fan de tu paciencia, de tu capacidad de pararte y pensar las cosas, aunque por otra parte seas la cabra más loca que exista. En cierto modo me encanta tu pasado, adoraba la imagen idílica que tenía creada sobre ti, ideal para mí, y tan extraña para la mayoría. Me asombra tu facilidad para cambiar, para adaptarte, pero sobre todo, tu generosidad. 
De entre muchas de tus virtudes, me quedo con tu bondad, no te sale ser mala, ni hacer daño, eres madura y no te apetece perder el tiempo con cosas que no requieren ni un minuto de tu vida. Cualquiera podría decir que soy tu novia, que cómo voy a decir algo malo de ti... ¿Sabéis? También lo hay, por suerte no somos perfectos, afortunadamente la perfección no existe, y es el mejor aliciente para que la vida no sea aburrida. Al igual que he dicho que eres cabezona en el sentido de perseverante, también eres cabezona refiriéndome a terca. Tienes los ideales muy claros, son muy tuyos, y eso sí, que no te los cambien. Supongo que cuando una está enamorada, hasta lo malo se vuelve bueno.

Y tras este despliegue, sólo me queda felicitarte, desearte que los 21 no sean mi la mitad de buenos que los 20, decirte que nos quedan infinidad de cosas por  vivir, sentimientos que experimentar, nos quedan miles de besos, de abrazos, de noches... 

Ya son 5 años los que llevo conociéndote, y créeme, nadie te conoce mejor que yo, y nadie nunca podrá sentir por ti lo que yo. 
¡Muchas felicidades corazón!


Siempre tuya.

jueves, 29 de enero de 2015

XX


Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. 
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.